Epilepsia del perro: tratamientos, crisis y seguimiento diario
Cécile de Produits-Veto
Técnica en farmacia ·

Epilepsia del perro: comprender los tratamientos y organizar el seguimiento
Comprender la epilepsia del perro y actuar desde la primera crisis
Ver a su perro convulsionar es impresionante. Una crisis puede tener varias causas y no basta para diagnosticar una epilepsia del perro. Contacte con un veterinario desde el primer episodio. Si la crisis se prolonga y se acerca a cinco minutos, si se suceden varios episodios o si el perro no recupera la conciencia entre ellos, llame inmediatamente a urgencias. No espere a alcanzar un umbral cronometrado para pedir ayuda si la situación le preocupa.
Esta guía recoge los signos que hay que observar, los medicamentos de fondo y los límites de las llamadas soluciones naturales. Le ayuda sobre todo a preparar un seguimiento concreto: las tomas realmente administradas, las crisis y la recuperación. Un cuaderno complementa los cuidados; no sirve para modificar por sí solo una prescripción.
La calidad de vida puede seguir siendo buena en algunos perros seguidos por epilepsia, pero la respuesta varía. El diagnóstico, los episodios agrupados, la tolerancia y las limitaciones del hogar cuentan. El objetivo se construye con el veterinario, sin prometer una desaparición definitiva de las crisis.
Epilepsia perro: ¿por qué este trastorno neurológico es importante en el perro?
La epilepsia canina es una de las afecciones neurológicas crónicas más frecuentes en el perro. Afecta al cerebro, pero sus consecuencias conciernen a todo el animal: seguridad, sueño, comportamiento, alimentación, actividad física y vínculo con la familia.
Una crisis epiléptica corresponde a una descarga eléctrica excesiva y transitoria en la corteza cerebral. Según la zona afectada, los signos pueden permanecer localizados o afectar a todo el cuerpo. Así, algunos perros presentan solo contracciones de un miembro o de la cara. Otros caen, pedalean, salivan, orinan o pierden el conocimiento.
La frecuencia de las crisis cuenta tanto como su intensidad. Un perro que tiene una crisis corta cada seis meses no se gestiona igual que un perro que presenta varias crisis en un día. Además, las crisis seguidas pueden favorecer el agotamiento, la hipertermia, los traumatismos y la hospitalización.
Por eso una atención estructurada cambia el pronóstico. Permite a menudo reducir la frecuencia de las crisis, su duración y su intensidad. Las recomendaciones veterinarias indican que un tratamiento se plantea generalmente cuando las crisis se repiten, cuando se agravan, cuando aparecen en cluster, o cuando una crisis supera los cinco minutos.
Los perros más afectados
La epilepsia idiopática aparece a menudo en el adulto joven, frecuentemente entre seis meses y cinco años. Algunas razas parecen más predispuestas, especialmente el Border Collie, el Labrador Retriever, el Pastor Alemán, el Beagle, el Golden Retriever, el Pastor Australiano y varias razas de pastores. Sin embargo, todos los perros pueden verse afectados.
En un cachorro muy joven, un perro de edad avanzada o un animal que presenta otros síntomas neurológicos, el veterinario busca más bien una causa metabólica, tóxica, inflamatoria, vascular o tumoral. Por eso la edad de aparición ayuda mucho al razonamiento médico.
Causas, síntomas y urgencias durante una crisis epilepsia perro
Una crisis epilepsia perro puede venir de una epilepsia primaria, de una lesión cerebral o de un desequilibrio general que perturba el funcionamiento del cerebro.
Las grandes causas posibles
Los veterinarios distinguen generalmente tres situaciones.
- La epilepsia idiopática: aparece sin lesión visible ni anomalía sanguínea evidente. Se suele sospechar un componente genético.
- La epilepsia estructural: resulta de una afectación del cerebro, como un tumor, una malformación, una inflamación, un traumatismo o un accidente vascular.
- Las crisis reactivas: están provocadas por un problema tóxico o metabólico, por ejemplo una hipoglucemia. No constituyen por sí solas una epilepsia: hay que buscar y tratar su causa.
El diagnóstico se basa por tanto en el examen clínico, la historia de las crisis, análisis de sangre y a veces una imagen médica. En algunos casos, el veterinario recomienda una resonancia magnética, un escáner o una punción de líquido cefalorraquídeo.
Los signos antes, durante y después de la crisis
Antes de la crisis, algunos perros cambian de comportamiento. Buscan el contacto, se agitan, se esconden, gimen o parecen ansiosos. Esta fase se llama a veces aura, aunque sigue siendo difícil de confirmar en el animal.
Durante la crisis generalizada, el perro puede caer de lado, perder la conciencia, pedalear, temblar, salivar, orinar o defecar. También puede vocalizar. Buena noticia: un perro no se traga la lengua durante una crisis. Por tanto, nunca hay que meter los dedos en su boca.
Después de la crisis, la fase postictal puede durar desde unos minutos hasta varias horas. El perro puede estar desorientado, hambriento, ciego temporalmente, ansioso o muy cansado. Esta fase aporta información valiosa al veterinario.
¿Qué hacer durante y después de la crisis?
Asegure el entorno sin inmovilizar al perro. Aparte los objetos peligrosos e impida una caída hacia una escalera si puede hacerlo sin exponerse. Limite el ruido y las estimulaciones. Mantenga a los niños y a los demás animales alejados. No introduzca nunca la mano ni un objeto en su boca.
- Cronometre el episodio; no se fíe de la impresión de duración.
- No dé ni alimento, ni agua, ni comprimido durante las convulsiones.
- Grabe solo si otra persona puede encargarse de la seguridad y de la llamada.
- Aplique únicamente el plan de emergencia personal ya prescrito y explicado.
- Llame inmediatamente si la crisis se prolonga hacia los cinco minutos o si las crisis se repiten.
Las crisis seguidas, incluso separadas por un aparente regreso a la normalidad, requieren una atención urgente. No espere a tener un vídeo completo. Después del episodio, el perro puede estar confuso y no reaccionar como de costumbre. Déjelo en un espacio tranquilo y seguro; pregunte al veterinario cómo organizar su transporte.

Tratamiento epilepsia canina: medicamentos, seguimiento y opciones naturales
El tratamiento epilepsia canina tiene como objetivo reducir la frecuencia, la duración y la intensidad de las crisis, preservando al mismo tiempo la calidad de vida del perro y de su familia.
Los medicamentos de fondo: una decisión individualizada
Los medicamentos se eligen según el diagnóstico, la frecuencia y la gravedad de las crisis, las enfermedades asociadas y las posibilidades de seguimiento. El tratamiento de fondo y el medicamento de urgencia tienen funciones diferentes. Una dosis adicional del tratamiento diario no sustituye espontáneamente el protocolo de urgencia.
El fenobarbital forma parte de las opciones prescritas. El RCP francés de Phenosan prevé una vigilancia clínica y concentraciones sanguíneas. El seguimiento sirve para apreciar conjuntamente la eficacia y la tolerancia. No concluya que hay una sobredosis a partir de una somnolencia aislada y no ajuste usted mismo la cantidad.
El imepitoína es la sustancia activa de Pexion, medicamento para perros sujeto a receta inscrito en la ANMV. Su elección depende de la forma clínica; el nombre de una molécula no basta para saber si conviene a su animal. Pregunte al prescriptor el objetivo esperado y las situaciones que requieren un recordatorio.
El bromuro de potasio es otra posibilidad en ciertos protocolos. El RCP de Libromide describe en particular su uso en asociación cuando el control bajo fenobarbital es insuficiente. Requiere un seguimiento particular. Estos ejemplos explican por qué una comparación de medicamentos no puede reducirse a «natural» o «más potente».
En caso de duda, consulte a su veterinario antes de cualquier tratamiento.
Los efectos secundarios a vigilar
Los efectos secundarios varían según la molécula y el perro. Los más frecuentes incluyen somnolencia, aumento del apetito, mayor sed, micciones más frecuentes, marcha inestable, trastornos digestivos o agitación. A menudo, algunos signos disminuyen después de los primeros días. Sin embargo, siempre deben señalarse.
Nunca interrumpa bruscamente un antiepiléptico sin consejo veterinario. Una interrupción repentina puede favorecer crisis graves. Si es necesario un ajuste, el veterinario propone una modificación progresiva y segura.
Soluciones naturales, alimentación y confort: objetivos distintos
Un producto presentado como calmante no es automáticamente un antiepiléptico. Un perro que parece más tranquilo no está necesariamente mejor protegido contra las crisis. No sustituya un tratamiento prescrito por una planta, un aceite o un complemento alimenticio. Muestre al veterinario la composición exacta de cualquier añadido previsto.
Una rutina clara facilita las tomas y las observaciones: horarios previstos, persona responsable, lugar de descanso seguro. Estos ajustes son útiles en el día a día sin que haya que atribuirles una eficacia anticonvulsivante. No culpabilice al hogar presentando cada crisis como la consecuencia de un acontecimiento estresante evitable.
La alimentación también debe discutirse antes de cualquier modificación. Con el bromuro de potasio, la cantidad de cloruro aportada por la ración puede modificar las concentraciones sanguíneas del medicamento. El RCP de Libromide describe este riesgo. Un cambio de croquetas, de ración casera o de golosinas debe señalarse; no basta con hacer una transición progresiva para resolver esta interacción.
No transforme una pista nutricional en una receta casera a base de aceite. La preparación estudiada, el perro en cuestión y los tratamientos asociados cuentan. Si se propone una alimentación particular, pregunte su objetivo, la forma de introducirla y los controles previstos. Guarde una fotografía de su etiqueta en el expediente de seguimiento.
Un seguimiento familiar útil: tres líneas de tiempo, sin puntuación inventada
El recuerdo de una crisis puede ser impreciso. Organice la información en tres apartados separados: tomas, episodio, recuperación. No tiene que atribuir una nota de gravedad de 0 a 3; una descripción fechada es más fácil de interpretar y no da la ilusión de una herramienta médica validada.
- Tomas: hora realmente dada, nombre y cantidad prescrita, persona que la administró; mencione un olvido o un vómito.
- Episodio: hora de inicio, duración medida, movimientos observados, conciencia y eventual vídeo.
- Recuperación: comportamiento después de la crisis y hora del regreso al estado habitual, si este se produce.
Una mudanza o un día inusual puede anotarse en el contexto, pero no designarse automáticamente como desencadenante. Si no ha visto el inicio, escriba «inicio no observado». Esta precisión vale más que una duración adivinada. Si varias personas estaban presentes, pongan en común sus observaciones sin reconstruir artificialmente un relato certero.
En la consulta, pregunte cómo desea el veterinario recibir este cuaderno. Una lista cronológica simple puede bastar. Mencione también los períodos sin crisis y los efectos molestos en el día a día: sueño, apetito, marcha, interacciones. El seguimiento no se reduce al número total de episodios.

Productos del catálogo: distinguir confort, homeopatía y tratamiento de las crisis
Zylkene y Anxitane son complementos de gestión del estrés. No deben presentarse como soluciones contra la epilepsia. Una agitación tras una crisis requiere primero una interpretación veterinaria; no se trata necesariamente de una ansiedad que haya que tratar mediante una compra.
Zylkene: una referencia de confort, no un auxilio anticonvulsivante
La presentación Zylkene 225 mg pertenece a la gama de complementos calmantes del catálogo. Si un profesional la recomienda para un problema de estrés distinto, haga confirmar la presentación y su compatibilidad con los tratamientos. No utilice esta referencia para interrumpir una crisis.
Anxitane: precisar por qué se plantea un complemento
La ficha Anxitane M/L, 30 comprimés corresponde a otra presentación del catálogo. No es un medicamento antiepiléptico. La mención de este producto no demuestra ni una disminución de las crisis ni una asociación necesaria con el tratamiento de fondo.
Antes de realizar un pedido, pregunte qué problema concreto se busca mejorar y cómo se evaluará ese resultado. Evite introducir varios complementos a la vez sin asesoramiento: esto complica identificar el producto realmente administrado y los posibles efectos indeseables. Si el perro parece más somnoliento, contacte con el prescriptor en lugar de atribuir automáticamente esta evolución a un efecto calmante beneficioso.
Epileptyl Boiron: una opción homeopática que conviene comentar con el veterinario
Epileptyl Boiron, solución oral de 30 ml es un medicamento veterinario homeopático destinado a perros y gatos, disponible sin receta. Su resumen de las características del producto (RCP), publicado por la Anses-ANMV, indica un uso tradicional en los trastornos de origen epiléptico. Su estatuto y su uso difieren, por tanto, de los de los complementos calmantes Zylkene y Anxitane.
Si desea plantear el uso de Epileptyl como complemento del manejo de su perro, hable de ello con el veterinario que sigue su epilepsia. El RCP describe este uso tradicional; no presenta resultados clínicos que demuestren una reducción de la frecuencia o la gravedad de las crisis. Esta mención no permite, por tanto, prometer un control de las crisis, ni siquiera consideradas leves, ni reducir o sustituir un antiepiléptico prescrito.
Epileptyl no debe utilizarse como medicamento de urgencia durante una crisis. No administre ningún líquido por la boca a un perro que está convulsionando. Informe al veterinario de todos los productos administrados y conserve el plan de urgencia prescrito.
Prevenir las recaídas: rutina, cumplimiento y seguridad en el hogar
La prevención se basa sobre todo en la regularidad del tratamiento, la observación atenta y la reducción de los riesgos domésticos.
Respete los horarios prescritos. Una alarma y una tabla compartida permiten indicar una toma solo una vez realmente administrada. Conserve los medicamentos según su prospecto, en su envase y fuera del alcance de niños y animales. Si varias personas se ocupan del perro, designe claramente al responsable de cada toma.
A continuación, asegure las zonas de riesgo. Limite el acceso a las escaleras sin supervisión si las crisis son frecuentes. Evite los baños sin vigilancia. Después de una crisis, deje que su perro se recupere en un lugar tranquilo, templado y con poca luz.
Por último, prepare una ficha de urgencia. Debe indicar el nombre del perro, su peso, sus tratamientos, las dosis, los horarios, el número del veterinario habitual y el de la clínica de guardia. Coloque esta ficha cerca de los medicamentos.
Preparar la próxima visita
Reúna la receta, el cuaderno de crisis, las cajas utilizadas y la lista de complementos. Pregunte qué hacer si se olvida o se vomita una toma y cómo anticipar una renovación. En caso de ausencia, entregue la ficha de emergencia a la persona que cuide al perro; debe comprender las indicaciones sin tener que improvisarlas.
Anote las dificultades concretas: horarios imposibles, rechazo del comprimido, transporte o coste del seguimiento. Comentarlo permite al veterinario buscar una organización realista. Esto no justifica reducir las dosis o espaciar los controles por cuenta propia.
Vivir mejor con la epilepsia del perro
El seguimiento combina un diagnóstico, un tratamiento adaptado y observaciones fiables. Distinga siempre el control de las crisis, la recuperación y el confort diario. Un buen cuaderno hace el intercambio más preciso; no sustituye ni el examen ni los análisis previstos.
Mantenga accesible el plan de emergencia y haga precisar las indicaciones que queden poco claras. Una crisis que se prolonga, episodios repetidos o una recuperación anormal obligan a contactar rápidamente con el veterinario. La decisión se toma en función del estado real del perro, sin esperar a la próxima cita programada.
Fuentes
- CHUV, Université de Montréal — crisis convulsivas.
- CBIP VetCompendium — estado de mal y crisis en serie, 2024.
- CBIP VetCompendium — tratamiento de fondo de la epilepsia canina, síntesis de 2014 que debe leerse junto con los RCP actuales.
- Anses-ANMV — RCP Phenosan 100 mg.
- Anses-ANMV — RCP Librómide 325 mg.
- Anses-ANMV — ficha Pexion 400 mg.
- Anses-ANMV — RCP Epileptyl solution orale, actualizado el 11 de febrero de 2026.
Preguntas frecuentes sobre la epilepsia del perro
¿Qué hacer durante una crisis convulsiva?
Asegure el espacio, cronometre y no introduzca nada en la boca del perro. Llame inmediatamente si la crisis se prolonga hacia los cinco minutos, se repite o si el perro no recupera la conciencia. Siga únicamente el plan de emergencia ya prescrito para él.
¿Una crisis aislada significa que su perro es epiléptico?
No necesariamente. Una intoxicación o un trastorno metabólico también puede provocar una crisis. Un primer episodio justifica contactar con el veterinario para buscar la causa y organizar el seguimiento, aunque el perro parezca haber vuelto a su estado habitual.
¿Puede un producto natural reemplazar a un antiepiléptico?
No reemplace un tratamiento prescrito por una planta, un aceite o un complemento calmante. El confort emocional y el control de las crisis son objetivos distintos. Toda asociación debe discutirse con el veterinario a partir de la composición exacta.
¿Puedo cambiar el pienso de mi perro bajo tratamiento?
Consulte antes de modificar la ración. Con el bromuro de potasio, una variación en los aportes de cloruro puede modificar las concentraciones del medicamento. Una transición alimentaria progresiva no basta para prevenir esta interacción.

















